La importancia de llamarse hombre.

Los valores reales del hombre


Más de un sabio, pese a sus profundos estudios, a los conocimientos logrados y a su capacidad mental, ha debido confesar sus angustias al no haber podido encontrar un punto de apoyo para sostener sus convicciones y sentir la absoluta seguridad de la inamovilidad de su juicio en medio a la actividad incesante de todas las cosas que se movían en torno suyo.

Aquel que no puede conservar la seguridad de mantener incólume cuanto ha ido apilando silenciosamente dentro de su ser, sólo es un hombre en apariencia, ya que, a semejanza de la veleta, que se halla a merced del viento, está sujeto a la movilidad de las circunstancias, y como un ente que no ha podido fijar su identidad, vaga de un punto a otro sin encontrar seguro sitio para descansar de las fatigas contraídas en la lucha. Al no tener pleno dominio de sí mismo, está expuesto constantemente a ser juguete de las cosas que le rodean. Su destino es, pues, incierto, porque inciertos son sus pasos.

En el común de las gentes ocurre, sin que ello sea visible para sus inteligencias, que al cometer el ser tantos desatinos, errores e infracciones a las leyes naturales, paulatinamente pierde la autoridad sobre sí mismo, y cuando en un gesto, en un arranque o en un impulso de su razón quiere modificar su conducta y ser un poco mejor, se siente avergonzado ante sí mismo, incapaz, impotente, presionado por el recuerdo de sus actos anteriores y dominado, a la vez, por los pensamientos que tuvo por amigos y consejeros durante el curso de su vida.
De ahí que el ser humano, como lo hemos dicho ya otras veces, sea tan sólo un fragmento de hombre. Recién podrá decirse que es íntegro cuando sea capaz de mostrar esa integridad en todas sus palabras y en todos sus hechos.

Lo expuesto describe, entre otros, el caso de aquellos que después de hablar con mucho fervor y seguridad de lo que adquirieron como conocimiento, llegado el momento de demostrar la realidad de esa posición, dan por tierra con cuanto aprendieron, apareciendo el hombre en toda su pobreza. Sin un solo conocimiento que enriquezca su precaria situación, no pueden defenderse contra ese enemigo que ellos mismos crearon en sus extraviadas imaginaciones; enemigo implacable que les perseguirá, derrotándolos, hasta el último día de sus existencias, porque así es la ley. Ofrecen una imagen parecida a la que describe Dante en "La Divina Comedia" cuando dice: "El peor de los suplicios es sentirse muerto sin acabar de morir; es sentirse casi vivo estando muerto, y ansiando morir, seguir viviendo".

Supóngase ahora el caso del que obsequiado con una cantidad de cosas, ropas, muebles, objetos de arte y aun con dinero en efectivo, vive con ello cómodo, feliz y sin preocupaciones, durante un largo trecho. Un buen día alguien le dice que todo lo que recibió no sirve, que es falso, que no tiene valor alguno; que quien se lo dió no era su dueño, etc., y con tal sugestión el infeliz tira cuanto tiene a la calle. Quienes le vean seguramente pensarán que se trata de un loco, pero esto no impedirá a los más vivos llenarse los bolsillos, dejando sin nada a aquel que de tanto favor disfrutó y que por haber vivido hasta entonces holgadamente, no pensó que para volver a adquirir lo perdido sería necesario pagarlo a alto precio. He aquí una conducta que ilustra el caso de aquellos que hacen acopio de conocimientos y luego, por cualquier causa, desconfían del valor de los mismos y los eliminan de su convicción.

¿Puede llamarse hombre en la plena acepción de la palabra quien así procede?

Cuando la obtención del dinero demanda esfuerzo, es decir, cuando es ganado con el sudor de la frente, como debe ocurrir con todo conocimiento, quien lo obtiene sabe conservarlo, pues no cometerá nunca la necedad de desprenderse de él tontamente.

Ahora bien; como cada ser se vincula, en su vida de relación, a una cantidad de personas a quienes trata ya en forma constante, ya accidental, ¿qué concepto podrá merecer de ellas aquel que un día se muestra de un modo y al siguiente de otro? ; ¿que en un momento sostiene una cosa y poco después, lo contrario? ¿Qué concepto puede merecer de los demás el ser que no ha formado su patrimonio moral e intelectual ni definido su identidad personal, y del que no puede decirse que posee una fisonomía propia, inconfundible, inalterable? En tales condiciones no podrá encontrar en ninguna de las personas vinculadas a él, la confianza y apoyo necesarios porque todas, lógicamente, desconfiarán de su seriedad y advertirán su desequilibrio; porque todas percibirán su inseguridad y verán en ella la mutabilidad y la pequeñez.

El ser en sí debe representar un conjunto de valores, físicos, morales, espirituales y mentales; si en vez de ese conjunto de valores no evidencia más que un brillo externo y por dentro es hueco, a semejanza del oro fix, que nada pesa, ocurrirá que cuando haya que ir en busca de sus valores reales no sólo desaparecerán éstos, sino que desaparecerá también él como entidad.

Figurémonos por un instante que ese mismo ser logra inspirar a otros alguna confianza en los valores que aparenta poseer; que les asegura su amistad, su lealtad y su auxilio en cualquier circunstancia eventual; vale decir, les ofrece aquello que no tiene. Cuando llega el momento de hacer efectivo ese pagaré, desaparece: no tenía solvencia, y, en tales condiciones, mal dispuesto para enfrentar los requerimientos de nadie, se aleja demostrando con ello que no sólo carece del conjunto de valores que antes mencionamos, sino también del que le permitiría afrontar la situación por él mismo creada. En cambio, aquel que en verdad posee valores y cuida de ellos como de su propia vida preservándolos de la codicia malsana y utilizándolos como las leyes mandan, permanecerá siempre en su sitio y no defraudará jamás a quienes acuden a él en busca de esos valores; y aun en medio de las más difíciles emergencias dispondrá de ellos y del otro valor también : del valor de hacer frente a las circunstancias adversas, valiente, fuerte, permanece de pie, arrogante como la misma Naturaleza, que lo es en todas sus manifestaciones; arrogante como ella porque sus valores son indestructibles y nunca podrán ser arrancados de su ser desde que forman parte de su vida, ni gastarse en el andar de los siglos puesto que constituyen el cúmulo de valores que forman su individualidad.

Hemos explicado en el presente artículo el porqué del temor, de la cobardía, males que señalan la ausencia de un valor que proviene, a su vez, de la falta de todos los otros valores enunciados.

Carlos Bernardo González Pecotche
Revista Logosofía ®




LA LIEBRE Y EL TIGRE

Que gran decepción tenía el joven de esta historia...‭ ‬Su amargura absoluta la causaba la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas.‭ ‬Al parecer,‭ ‬ya a nadie le importaba nadie.‭

Un día,‭ ‬dando un paseo por el monte,‭ ‬vio sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido,‭ ‬el cual no podía valerse por sí mismo.‭ ‬Le impresionó tanto el ver ésto‭ ‬que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual.

‬Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía:‭ ‬la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.‭ ‬Pasaron los días y la escena continuaba de idéntico modo,‭ ‬hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.

‬Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales,‭ ‬se dijo:‭
- "‬No todo está perdido...‭ ‬Si los animales,‭ ‬que son inferiores a nosotros,‭ ‬son capaces de ayudarse de este modo,‭ ‬mucho más lo haremos las personas‭"‬.

‬Y decidió hacer la experiencia:‭ ‬Se tiró al suelo,‭ ‬simulando que estaba herido,‭ ‬y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara.

‬Pasaron las horas,‭ ‬llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda.‭ ‬Estuvo así durante todo el otro día,‭ ‬mucho más decepcionado que cuando comenzamos a leer esta historia,‭ ‬con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio; ‬sintió dentro de sí toda la desesperación del hambriento,‭ ‬la soledad del enfermo,‭ ‬la tristeza del abandono...‭ ‬Su corazón estaba devastado,‭ ‬ya casi no sentía deseo de levantarse, ... ‬entonces allí,‭ ‬en ese instante,‭ ‬lo oyó...

‬¡Con qué claridad,‭ con ‬cuánta fuerza!‬,‭ ‬una dulce voz,‭ ‬muy dentro de él,‭ ‬le dijo:‭
- "‬Si quieres encontrar a tus semejantes,‭ ‬si quieres sentir que todo ha valido la pena,‭ ‬si quieres seguir creyendo en la humanidad,‭ ‬para encontrar a tus semejantes como hermanos,‭ ‬deja de hacer de tigre y simplemente sé la liebre‭"‬.




                                                                                                                         ( ‭Anónimo)





1 comentario:

Hercules Antonio Palermo dijo...

Muy largo el tratado de Logosofia en cuanto a SER HOMBRE.- Para leer por internet es mucho. Se podría editar resumiendo todo o comentar sólo un enfoque del tema tratado.-
Amigo, Me gustaria leer cosas que salgan de tu corazon, con firma propia, de tu propia cosecha.-

Antonio.-